Lanzamos un capí­tulo más de nuestra serie de artí­culos dedicados a analizar el año de las principales compañí­as del panorama tecnológico. En esta ocasión le toca el turno a Facebook. La red social más popular del momento ha vivido un año contradictorio, con algunas noticias positivas y otros que no lo son tanto. Tres eventos han marcado de manera especial el 2012 de Facebook. Por un lado, su mala salida a Bolsa, que ha desinflado en parte el entusiasmo que estaba generando el campo social. Por otro, el 2012 ha sido el año en el que Facebook ha alcanzado la impresionante cifra de 1.000 millones de usuarios. Y la otra arista de este triángulo es la compra de Instagram el pasado abril, por un precio final que podrí­a rondar los 500 millones de euros.

Uno de los hechos más importantes del año para Facebook ha sido su decisión de comenzar a cotizar en Bolsa. Esta salida estuvo rodeada de una enorme expectación, pero el entusiasmo de los inversores apenas duró unas horas. Pocos dí­as antes de su salida al mercado se especulaba con que Facebook podrí­a alcanzar una valoración de 80.000 millones de euros, una cifra desmesurada teniendo en cuenta que se trata de una empresa que consiguió unos ingresos de 950 millones durante el tercer trimestre de 2012 (y cerca de 800 millones de euros en el trimestre anterior a su salida al mercado bursátil).

Así­ las cosas, la compañí­a realizó su entrada oficial en Wall Street el 18 de mayo, en la que fue la mayor entrada de una empresa tecnológica desde que Google lo hiciera en 2004. Su salida estuvo envuelta en polémica, ya que la avalancha de órdenes de compra y venta provocó retrasos en las transacciones. Facebook apenas consiguió alcanzar el precio inicial de venta que habí­a marcado para sus acciones (38 dólares, una cifra que se habí­a subido a última hora intentando aprovechar esta corriente de entusiasmo).

Poco después, se supo que uno de los bancos de inversión que habí­a colaborado a esta salida a Bolsa habí­a escondido datos desfavorables sobre las expectativas de crecimiento de Facebook. El resultado de toda esta situación fue la caí­da de las acciones de la compañí­a en casi un 20% durante los dos dí­as posteriores a su salida, y en su peor momento llegó a estar por debajo de la mitad de su valor de salida. En una comparecencia pública, Mark Zuckerberg explicó que su principal objetivo era desarrollar el producto, y que la plataforma móvil de la red social estaba empezando a arrojar resultados (este es uno de los aspectos que más dudas arrojan ya que la rentabilidad de la publicidad en el móvil todaví­a es muy inferior a la del escritorio). Desde entonces, las acciones de la compañí­a han iniciado un lento ascenso, aunque todaví­a está lejos de alcanzar su valor inicial (27,4 dólares al cierre del viernes).

Sea como fuere, la compañí­a sigue contando con una base de usuarios enorme. Facebook comenzó el año con menos de 900 millones de usuarios activos (aquellos que entran por lo menos una vez al mes a la red social) y ha conseguido terminar el año por encima de los 1.000 millones. Una cifra muy alta que evidencia el crecimiento que todaví­a experimenta la red, aunque cada vez le resultará más difí­cil a la compañí­a mantener este ritmo al tiempo que los principales mercados de esta plataforma llegan a la saturación.

El tercero de los puntos capitales del año de Facebook fue la compra de Instagram, que pilló por sorpresa al mercado. Esta aplicación para compartir fotos habí­a crecido de manera espectacular en los últimos meses, y la red social decidió pagar una cantidad cercana a los 500 millones de euros. En principio, se hablaba de una cantidad que rondarí­a los 1.000 millones de dólares, pero parte del acuerdo se iba a realizar a través de la cesión de acciones de Facebook, de modo que el precio final bajó varios cientos de millones de dólares. Esta adquisición ha estado envuelta en polémica, ya que muchos usuarios de Instagram no han visto con buenos ojos que la red social se haga con el control de esta app. Recientemente se cambiaron los términos de privacidad de esta plataforma, y las crí­ticas de los usuarios han sido tan feroces que Instagram ha debido dar marcha atrás y volver a adoptar las condiciones originales.

Precisamente, la polémica de la privacidad de la red social ha continuado siendo uno de los aspectos más problemáticos de la compañí­a durante este 2012, aunque eso no le ha impedido cerrar el año dominando por completo el campo social frente a otras alternativas como Google+ o Twitter. Un año de luces y sombras que ha mostrado por primera vez los lí­mites de la burbuja social con el fracaso que ha sufrido la compañí­a en Bolsa.

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