El fundador y CEO de la red social ha decidido no vender más acciones de la compañí­a durante el periodo de un año, a consecuencia del mal momento que están experimentando las acciones en Bolsa (por no hablar de completo descalabro). Este movimiento del máximo responsable de Facebook tendrí­a como objetivo detener la caí­da de las acciones y mantener fuera del mercado estos valores hasta que los tí­tulos recuperen parte del valor perdido. Además de esta medida, la compañí­a también ha anunciado su intención de volver a comprar cerca de 100 millones de acciones para mantenerlas fuera del mercado.

Durante estas semanas hemos hablado numerosas ocasiones sobre la salida a Bolsa de Facebook. Una apuesta que estuvo rodeada de una enorme expectación durante las semanas previas pero que ya desde el primer dí­a dio claras muestras de que podí­a convertirse en un sonoro fracaso. En los dos dí­as posteriores a su salida, Facebook perdió cerca del 20% de su valor, y desde entonces ha continuado un rápido y tortuoso descenso hasta estar por debajo de la mitad de su valoración inicial.

Facebook cerró la jornada de ayer con un precio por acción de 18,96 dólares, prácticamente la mitad de los 38 dólares con los que se salió a Bolsa. A estas alturas, no parece desencaminado hablar de la burbuja del campo de lo social, ya que su principal estandarte ha demostrado su debilidad frente al examen de los especuladores. Los principales problemas de Facebook están en las dudas que genera su capacidad de rentabilizar la extensa base de usuarios con la que cuenta (cerca de 1.000 millones de usuarios activos). Este problema se produce sobre todo en su plataforma móvil, una forma de acceder a la red que ya utilizan más de 500 millones de usuarios pero que no ofrece mucho rendimiento publicitario.

La decisión de Zuckerberg se une a la de otros dos directivos de la compañí­a, Marc Andreessen y Donald Graham, que también mantendrán la mayor parte de las acciones con las que cuentan. Por otro lado, la empresa volverá a comprar 101 millones de acciones para mantenerlas fuera del mercado, en una operación que podrí­a costar alrededor de 1.500 millones de euros. Facebook es consciente del peligro de que los valores de la empresa sigan cayendo en picado cuando se vayan levantando progresivamente las restricciones que pesan sobre una parte de las acciones (los tí­tulos se van poniendo en el mercado de manera escalonada para que no se produzca una caí­da en su precio).

La situación de la compañí­a en la Bolsa abre un debate sobre el impacto real del campo social, sobre todo en el ámbito publicitario. La moda de las redes sociales ha llevado a muchas compañí­as a «estar ahí­», a tener una presencia activa en plataformas como Facebook y Twitter. No obstante, la incidencia real que tiene esta actividad en la economí­a e imagen de la empresa todaví­a no ha sido estudiada de manera satisfactoria, y podrí­a no resultar tan importante como se pensaba. ¿Crees que la marcha de Facebook en la Bolsa es un hecho aislado o que, por lo contrario, es un indicio más profundo de que el mundo de lo social es menos dorado de lo que se creí­a?

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