A pesar del dominio muy pronunciado de Intel en el campo de los microprocesadores, su presencia disminuye considerablemente si nos fijamos en el campo de los dispositivos móviles. Teniendo en cuenta el crecimiento que se está experimentando tanto en smartphones como en tablets, y el mal momento del segmento de los ordenadores, parece claro que gran parte del éxito futuro pasa por labrarse una posición importante dentro de este mercado. Una premisa que ha llevado a Intel a tratar de introducirse en el competitivo campo de los smartphones, intentando competir con el dominio de los chips de ARM. Pero, ¿qué es lo que puede ofrecer Intel con sus procesadores a los usuarios de teléfonos inteligentes?

El principal motivo por el que Intel no consiguió introducirse en el mercado de los smartphones en un primer momento es por el hecho de que sus chips están diseñados de forma que satisfagan las necesidades de los portátiles y los ordenadores, es decir, estén presentes en dispositivos de mayor tamaño que cuentan con niveles de consumo de energí­a mayores que lo que se realiza en los teléfonos inteligentes. En este campo, la empresa ARM logró expander con facilidad sus chips, que estaban diseñados con niveles de voltaje más bajos y confinados en espacios más reducidos.

Cualquier usuario actual de un Smartphone potente se encontrará con el problema de la baterí­a, que suele ofrecer poca autonomí­a cuanto mayor sea la potencia de su procesador integrado. El problema de los chips de Intel es que eran demasiado potentes y por ende terminaban antes con la autonomí­a de la baterí­a. No obstante, con la salida de los netbooks Intel comenzó a fabricar chips Atom de bajo voltaje que pudieran satisfacer las necesidades energéticas de estos miniportátiles. La inclusión de estos chips en los smartphones promete una autonomí­a bastante notable y una potencia mayor que algunos procesadores de primer nivel.

De hecho, según tests del año pasado, un chip Atom Medfield de un solo núcleo tiene más potencia que los procesadores del Samsung Galaxy S II o del iPhone 4s, a pesar que estos son de doble núcleo. Sin embargo,  no está tan claro que este chip sea competitivo frente a los nuevos procesadores de cuatro núcleos como el NVIDIA Tegra 3. Otro problema con el que se va a encontrar Intel es la adaptación de su plataforma a los distintos sistemas operativos. Por ejemplo, ya se ha adaptado con éxito a Android pero se estima que un cuarto de las apps de este sistema podrí­an no funcionar con Intel.

También esté el asunto de la potencia gráfica, algo en lo que Intel no se ha prodigado con mucho éxito. Los últimos movimientos de los procesadores se dirigen a aumentar sobre todo la capacidad gráfica, más que la potencia, para poder hacer frente a aplicaciones y juegos cada vez más complejas. Por todos estos motivos, todo hace indicar que Intel tendrá que seguir desarrollando su plataforma un tiempo antes de poder entrar con fuerza en el mercado de los smartphones, aunque puede convertirse en un competidor importante en uno o dos años.

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